Al igual que muchos otros países, Colombia necesita y ha empezado a experimentar una transición hacia un nuevo paradigma energético caracterizado por cinco grandes tendencias, también conocidas como las 5Ds:

  1. La descarbonización, bajo la cual se diseñan los sistemas modernos para disminuir su contribución al cambio climático y mejorar la resiliencia. La descarbonización ha sido el propósito de países como Alemania, que decidieron renunciar completamente a la energía nuclear y al carbón o Suecia, que tiene contemplado prohibir los vehículos a gasolina en algunos años.
  2. La descentralización, caracterizada por la integración de recursos energéticos distribuidos (DERs) de generación y almacenamiento (tales como la energía solar fotovoltaica en techo, las baterías y los vehículos eléctricos o baterías móviles) que son instalados por los usuarios “detrás del medidor” eléctrico, es decir, sin consultarlo con ninguna empresa de energía. Estos recursos no solo mejoran la eficiencia al nivel de cada usuario, sino que le da el poder de tomar decisiones como generar, almacenar e incluso vender energía.
  3. La digitalización, una macrotendencia presente en todos los ámbitos de nuestra vida, dada por las tecnologías de información que permiten nuevas formas de interacción entre las personas, empresas y máquinas. Las apps, blockchain, la inteligencia artificial y otras tecnologías forjan el camino hacia una economía digital.
  4. La democratización, liderada por la necesidad de sacar de la pobreza energética a las más de 1.000 de personas que actualmente no tienen acceso a electricidad, así como por la intención de empoderar a todos los ciudadanos a tomar decisiones sobre el futuro de su suministro energético tales como ser independientes o preferir energía limpia.
  5. La desregularización, como un resultado de las anteriores tendencias, le da el paso a nuevos actores, innovadores y emprendedores a jugar en el mundo de la energía tradicionalmente dominado por un puñado de empresas de energía.

El rediseño del mercado

La estructura de mercado del sector en Colombia tomó forma a mediados de los 90s gracias a la ley de servicios públicos y ley de energía eléctrica que permitió la entrada de las empresas. Este esquema fue pensado para ser operado por pocos actores de gran envergadura y con un sistema de suministro unidireccional que va desde los grandes centros de generación a los consumidores finales. 

Sin embargo, bajo el nuevo paradigma de las 5Ds, la integración de nuevas tecnologías energéticas y digitales, así como nuevos agentes de mercado (ciudadanos, empresarios) con intereses y comportamientos particulares, genera grandes retos en la planeación y operación del sistema.

Cada vez es más fácil encontrar prosumidores de energía, es decir, usuarios que no solo consumen energía, sino que también generan su propia energía e inclusive podrían vender sus excedentes a la red. Tal es el caso de empresas como Nutresa o el Aeropuerto El Dorado, así como un creciente número de personas que viven en inmediaciones de Medellín, Bogotá y Barranquilla.

Los prosumidores suministran energía a la red con parámetros de confiabilidad y operación muy diferentes a los tradicionales, altamente dependientes de las condiciones climáticas (radiación solar, viento) y basados en las preferencias de cada prosumidor que pueden ser tan diversas como las de cualquier otro mercado.

Además, esta nueva topología tiende a dejar de lado a los agentes intermediadores tradicionales ya que, en principio, hay una mayor proximidad entre la generación y el consumo y una menor necesidad de infraestructura tradicional tales como las grandes líneas de transmisión que atraviesan países.

Este nuevo esquema de mercado, que además debe armonizarme con la operación y control de nuestras redes eléctricas para garantizar un suministro confiable y seguro, debe tener la capacidad de coordinar a un gran grupo de participantes autónomos, es decir, usuarios residenciales, empresas, vehículos eléctricos, empresas de energía, utilizando tecnologías digitales para comunicar e intercambiar energía con base en preferencias individuales.

Si actualmente las redes eléctricas se diseñan y se controlan como una serie de recursos propios (cables, transformadores, generadores), en el futuro cercano se deben planear y operar con base en lo que cada usuario desee como, por ejemplo, cargar un vehículo a cierta hora o instalar más paneles en el techo. En este esquema, cada quién busca maximizar su utilidad, tomando decisiones en tiempo real (gracias a las apps), de manera transparente, simple y conveniente. En muchos países, las personas pueden delegar esas decisiones a un Smart Bot o aplicación inteligente que cargue las baterías y encienda ciertos electrodomésticos cuando la tarifa de energía es inferior y venda energía de sus paneles cuando la tarifa aumenta.

Blockchain y Tokenización

Blockchain (o cadena de bloques) promete ser una de las innovaciones más disruptivas de las últimas décadas. ¿Cómo funciona? Es una base de datos que no está en un solo lugar, sino que cada participante de una red blockchain tiene una copia de la misma, y es virtualmente imposible de modificar no solo por la dificultad computacional, sino porque crea una lógica económica que desincentiva cualquier comportamiento que vaya en contra de la red y es la misma red de usuarios la que, mediante el consenso (democrático, automático, digital) entre miles o millones de usuarios, valida los intercambios de información entre los nodos.  

Este concepto, más allá de las herramientas tecnológicas con las que está construido, redefine el concepto de confianza y es ahí en donde radica el potencial disruptivo. La confianza, el ladrillo de las sociedades a lo largo de la historia de la civilización humana, se convierte en un elemento que blockchain incorpora por defecto y de manera digital eliminando la necesidad de validar la autenticidad de la información y nos permite generar nuevas interacciones.

Blockchain lleva el proceso de toma de decisiones a un nivel de descentralización sin precedentes y nos permite transferir valor digital sin necesidad de delegar la confianza, de tener intermediarios, de manera anónima y sin riesgo de que esa información sea alterada, eliminada o censurada.

Durante los últimos cinco años, estos intercambios de valor han evolucionado siendo automatizados y estandarizados mediante contratos inteligentes. Los contratos inteligentes o smart contracts consisten en un conjunto de códigos que codifican estos intercambios de valor siguiendo una serie de eventos predefinidos tales como la validación de la identidad, la entrega de un producto o la cesión de una propiedad.

Así, un smart contract se diseña para incentivar una acción de manera inteligente e inclusive dinámica dependiendo de la persona, organización o dispositivo con el que interactúe. ¿Quién valida los contratos? Todos y nadie: lo hace la red de nodos que hace parte de blockchain. Estos smart contracts funcionan con un combustible: los tokens.

En el mundo de blockchain y las criptomonedas, un token representa la unidad de valor de un sistema económico inteligente y digital. Los tokens motivan un comportamiento esperado entre agentes de una red incentivando (financieramente) comportamientos deseados tales como la realización de un contrato inteligente, la validación del mismo o el mantenimiento de la red. Más allá de los intercambios económicos y los incentivos financieros, un token se puede diseñar con una serie de contratos inteligentes que estimulen comportamientos pro-sociedad capturando valores en común tales como privacidad, autonomía, medio ambiente, transparencia, entre otros.

Tokenización de la energía

Tomando estos elementos constructivos de los sistemas económicos inteligentes (blockchain, smart contracts y tokens) es posible hacer un matchmaking entre sus beneficios y las necesidades de los sistemas eléctricos modernos. Blockchain responde casi que de manera natural al nuevo paradigma del sector facilitando la integración de nuevos agentes (ciudadanos) y tecnologías (solar, almacenamiento) mediante la creación de nuevos modelos de negocio que se salen completamente de la arquitectura tradicional del mercado y nos llevan a repensar un modelo distribuido y abierto.

En conclusión, la tokenización invita a todos los usuarios de energía a repensar la forma en cómo se puede interactuar con el mundo de la energía, el sistema eléctrico y las empresas de energía.

Las nuevas tecnologías abren el espectro a la innovación no solo para que cualquier persona o empresa pueda ser dueño de su propia energía sino para que las empresas de energía, desde su posición como líderes naturales del sector, impulsen la transformación hacia sistemas bajos en carbono, digitales, accesibles, democráticos y descentralizados.

Fuente: https://www.grupobancolombia.com/wps/portal/empresas/capital-inteligente/tendencias/innovacion/tokenizacion-de-la-energia

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