Según estimaciones de la NASA, cada metro cuadrado del desierto del Sáhara recibe, de media, entre 2.000 y 3.000 kilovatios/hora de energía solar al año. Dado que el Sáhara tiene una superficie de alrededor de nueve millones de kilómetros cuadrados, esto significa que la energía total disponible —es decir, si cada centímetro del desierto absorbiera cada gota de energía solar— es de más de 22.000 millones de gigavatios hora (GwH) al año.

Desde el 2009 se han presentado propuestas que se encuentran retenidas por una serie de factores políticos, comerciales y sociales, incluida la falta de un desarrollo en la región, además, el proyecto representa un alto costo para los inversionistas. Entre las propuestas más recientes se encuentran el proyecto TuNur en Túnez, cuyo objetivo es suministrar energía a más de dos millones de hogares europeos, o la central solar Noor Complex en Marruecos, que también pretende exportar energía a Europa.

En estos momentos existen dos tecnologías concretas para la generación de electricidad solar en este contexto: la energía solar por concentración (CSP) y los paneles solares fotovoltaicos convencionales.

Ambas tecnologías necesitan determinada cantidad de agua para limpiar los espejos y los paneles, lo que hace que el agua sea un factor importante a tener en cuenta. La mayoría de los investigadores sugiere integrar las dos tecnologías y desarrollar un sistema híbrido.

Una pequeña parte del Sáhara podría producir tanta energía como la que produce actualmente todo el continente africano. A medida que la tecnología solar vaya mejorando, la producción será más barata y eficiente. El Sahara puede ser inhóspito para la mayoría de las plantas y animales, pero podría producir energía sostenible para mantener vivo todo el norte de África y más allá.

Tomado de: https://elpais.com